"El 28 de Septiembre de 1842, Santa Anna había autorizado la exhumación de su pierna perdida en la Guerra de los Pasteles de 1838 para que fuera enterrada con todos los honores inherentes a un héroe... Los restos de la pierna guardados en una caja de roble perfectamente barnizada y cubiertos por la bandera nacional fueron conducidos rumbo a la catedral metropolitana, donde se obsequiaría una misa con todo el rigor de la liturgia católica..."
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