“Los directores de importante grupo petrolero aplaudían la firma del contrato de arrendamiento entre su filial en México, la Tolteca Petroleum Co. , y Los Limoneros. Dicho convenio impediría finalmente a la voraz competencia la perforación y extracción de crudo en los terrenos adyacentes a Cerro Azul. El contrato garantizaba la exclusiva explotación de un gigantesco manto subyacente en los terrenos colindantes. Era un golpe maestro. Con la obtención, prácticamente gratuita, de Los Limoneros quedaba cercada una enorme propiedad de 42,000 hectáreas que encerraba posibilidades petrolíferas de primera magnitud...
La reunión presidida por Edward McDoheny, alcanzó su mejor momento cuando se comentó cómo Montoya, el desnalgado indio tamaulipeco, le había descrito a Sobrino el estallido del pozo Dos Bocas. El presidente de la Tolteca sin poder contener la risa, intentó todavía imitar a Montoya y a Sobrino:
-Pos di repente dicen qui volaron por los aires mecates, fierros con todo y los huacales, porqui nosotros haber hecho inojar la maldita chapopotera por haberle metido y metido tanto chingado tubo al piso. Antonces todo volar por el cielo, por el enojo di la chapopotera- concluyó McDoheny estallando en una estruenda carcajada.
...Nosotros abasteceremos de petroleo al mundo industrializado. Sólo nosotros conocemos los alcances de su aprovechamiento integral. Los mexicanos utilizan su petroleo para curar a sus vacas de los forúnculos, igualmente que hacen los árabes con sus camellos.
La humanidad ya no está para éstos desperdicios. Alguien debe dar la señal de alarma y nosotros serémos los primeros en hacerlo.
¡El mundo entero nos los agradecerá!”
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